4.2. IDENTIDAD CULTURAL, SUB CULTURAL Y CONTRACULTURALES



Cambios culturales del mundo contemporáneo

Los procesos de cambio Cultural

 La cultura como un proceso continuo, interactúa entre los hombres y las diferentes sociedades. Pero a partir de los distintos intercambios entre los pueblos y sus culturas, surgen problemas de diversas índole. Para comprenderlos y para resolverlos, se han ido estableciendo conceptos como etnocentrismo, aculturación, multiculturalidad y transculturación. Estos constituyen algunas de las muchas clasificaciones que permiten explicar los procesos de cambio en las diferentes culturas.

 El etnocentrismo
 Cuando alguien visita un país extranjero, inmediatamente nota la desigualdad que existe entre sus habitantes y esa persona que visita aquel país. La comida no tiene el mismo sabor; se habla otra lengua o, si esta se comparte, presenta variaciones en el uso de algunas palabras o su pronunciación; la vestimenta muestra ligera o marcadas diferencias; las casas se decoran de distinto modo; y varían hasta los códigos de comunicación gestual.
  En muchos casos, estas costumbres extrañas al ámbito cultural del visitante son evaluadas por él como equivocadas e inferiores en relación con las de su cultura de origen. Esta actitud actitud de apreciar la propia cultura, considerarla superior a las demás y creer que el propio grupo de pertenencia es el centro de todas las demás culturas se llama etnocentrismo.
  Cuando este sentimiento de agrado hacia la propia cultura limita la comprensión de otras formas de vida y lleva a juzgarlas inferiores, se produce un prejuicio cultural o xenofobia. A lo largo de la historia de la humanidad, esta actitud ha provocado la dominación de unos pueblos sobre otros con la pretensión de imponerles las propias normas, hábitos y objetos culturales, y hasta ha conducido a unos a cuestionar la calidad de seres humanos de otros por su pertenencia a un ámbito distinto.
  Cuando los españoles conquistaron America, dudaban de si se debía considerar humanos o no a los “salvajes” que habitaban estas tierras. Hitler, por su parte, exterminó a los judíos porque consideraba que ellos no formaban parte de la cultura alemana, la cual él estimaba como “superior”.
 Pero  el desprecio por otra cultura no solo existe entre diferentes sociedades, sino también entre los distintos grupos que integran una misma sociedad. Esto sucede cuando los poderosos presentan su propio sistema cultural como un orden natural, lo que les sirve para sustentar situaciones de privilegio y para explotar a los demás.
 Si bien estos grupos pueden llegar a compartir ciertos códigos comunes con otros, siguen manteniendo la idea de que la cultura propia es la mejor o la única.




Importancia del reconocimiento de la multiculturalidad y del dialogo intercultural
 
 


taylor y Honneth han enfatizado la importancia del reconocimiento intersubjetivo de la identidad cultural como parte integrante del desarrollo de la autoconciencia moral de los individuos en las sociedades actuales. El multiculturalismo, a través de la categoría clave del «reconocimiento», ha buscado la fundamentación de la nueva legitimación política basándose en el reconocimiento de los derechos culturales. De este modo, el multiculturalismo ha alcanzado dos importantes objetivos: por una parte, la universal e igual dignidad sociocultural de las culturas, y por otro lado el reconocimiento y la tutela de la identidad única de los particulares grupos étnico-culturales. Sin embargo, la filosofía intercultural ha superado los límites del multiculturalismo, y esto ha llevado a Panikkar a definir el diálogo como el arte de conocerse a sí mismo y al otro, como conciencia que ambos conocimientos son incompletos. Nuestra cultura occidental ha estado dominada por diversos mitos, los cuales son más difíciles de cambiar que las ideas. Panikkar indica que el mythos tiene una vida más larga, tiene raíces más profundas y sutiles que el logos en los individuos. Y enseña cómo algunos mitos colectivos han sido peligrosos, en formas de racismo o de nacionalismo (ariano, hebreo, japonés, blanco, neg  gro) o de antiterrorismo, entre otros. Según Panikkar, ningún hombre está por encima de su propia cultura, siendo imposible un «contrato cultural» a semejanza del «contrato social». De manera tal que existen confines horizontales y verticales entre las culturas. De esta manera, según Panikkar el diálogo nos lleva a la trascendencia y a la superación de nuestros límites culturales y horizontales. Evidentemente, desde su perspectiva, este diálogo sobrentiende el diálogo interreligioso, por cuanto el alma de la cultura es la religión.


Que es consumo cultural


El consumo es una condición permanente e inamovible de la vida y un aspecto inalienable de ésta. No está atado ni a la época, ni a la historia, en cuanto que se trata de una función imprescindible para la supervivencia biológica que los seres humanos compartimos con el resto de los seres vivos. Pero el consumo trasciende los límites de la supervivencia física, va más allá de búsqueda de la supervivencia, superando la concepción de conjunto de actividades destinadas a lograr satisfacer nuestras necesidades.
En las sociedades contemporáneas, el consumo ha pasado a constituirse en una práctica y una actividad cotidiana en la que estamos inmersos durante una gran parte de las horas del día y de nuestra existencia, se ha convertido en una parte esencial de nuestra actividad social. Indiscutiblemente el consumo deber ser abordado como un fenómeno social y una forma de relación social, intrínsecamente vinculado con los modos de producción y reproducción social de la modernidad avanzada. En consecuencia, no es únicamente un atributo individual, es, esencialmente, una práctica de naturaleza social.
El consumo, además, debido a este carácter social, es receptor de una considerable proporción de recursos económicos, temporales y emocionales, que no sólo busca satisfacer necesidades, sino también el deseo de interactuar con los otros. Es, por tanto, una actividad social que engulle tiempo y energías, y que se encuentra impregnada de nuestros sueños de satisfacción de necesidades y deseos (Bauman, 2005:43).
En definitiva, hay que enfrentar el consumo como un fenómeno social trascendente y multidimensional, cuya presencia e influjo en nuestras sociedades contemporáneas es tan relevante, que alcanza la creación y estructuración de nuestras identidades individuales y colectivas, y que incide y conforma los modos formas de expresión relacionales .
Además, como añade Bauman, en nuestras sociedades contemporáneas, el consumo ha adquirido tal centralidad que puede considerarse que, más allá de las actividades de consumo, y más allá, también, de los aspectos fundamentales que han venido relacionados con él (como la producción, el almacenamiento, la distribución, o la eliminación de objetos de consumo), hemos pasado del fenómeno del consumo al del consumismo. Tal asunto significa un cambio inédito respecto a las sociedades anteriores. Explica Bauman, citando a Campbell (2004), que se puede hablar de consumismo cuando el consumo se torna en el eje central en la vida de la mayoría de las personas, algo así como el propósito mismo de su existencia, de manera que nuestra capacidad de querer, desear y de anhelar, y en especial, nuestra capacidad de experimentar esas emociones frecuente y repetidamente, es el fundamento de toda la economía de las relaciones humanas.
 

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